domingo, 11 de enero de 2026

REFLEXIONES DEL CABALLERO DE LA COLETILLA 4: ¿Quién soy yo para hablar de Política?

    Todo lo que he visto a lo largo de la carrera es que no es suficiente con los recursos que hay actualmente, y no depende de nosotros conseguirlos, sino de la Política. Y la Política está totalmente al servicio del dinero y el poder, está muy enrarecida, está muy polarizada entre dos ideologías totalmente opuestas. Dos maneras de percibir el poder. La derecha, al servicio de la economía, pretendiendo favorecer siempre el poder económico; la izquierda, al servicio de la población, pretendiendo invertir en el bienestar y en la comunidad para hacer fuerza.

    Ni la una ni la otra se están haciendo bien. Ambas posturas se han llevado al extremo y se intentan ejecutar de la forma más vulgar e inconexa de la realidad. Es frustrante ver cómo la derecha se ha dejado corromper por la oligarquía ya que siempre será más sencillo gobernar cuando son menos personas las que toman decisiones y artificialmente se aferra a ideas conservadoras para promover la diferencia y el rechazo como formas de dividir al pueblo y ser sus propios sometedores y sometidos, todos al control de la derecha marionetista; y la izquierda está obnubilada por el capacitismo, cubriendo todas las diferencias bajo el remendado manto de la diversidad, y pretendiendo cubrir con ayudas las fisuras de la sociedad en un intento asistencialista de resolver los problemas del mundo, todos al control de la izquierda mártir.

    Son dos mismas manos de un ente que tan solo quiere el poder. Lo cierto es que nunca parecerá que hay una forma correcta de hacer política, pues siempre se va a molestar a alguien. ¿Los ricos mantienen a los pobres, o los pobres mantienen a los ricos; qué es lo justo? ¿La autosuficiencia, o la meritocracia? Como ninguna de estas dos posturas parecían suficiente, ahora estas ideologías se llevan a los extremos. Y, cuanto más extrema es la política, más polarizada estará la sociedad. Ese es precisamente el juego que quieren que juguemos. No nos permiten ninguna opción de cambiar esta política, sin embargo, nos constriñen en esa polarización. Y nos quieren someter.


    Pero... quién soy yo para opinar de la política. Simplemente, estoy asustado. Estoy asustado de que una persona tan demente como Donald Trump esté en un cargo tan poderoso y lo esté utilizando a merced de su capricho, habiendo invadido un país en menos de 24h y amenazando con atacar otros. Estoy asustado de que se invierta más dinero en investigar los viajes al espacio, que en mejorar los recursos de atención pública. Estoy asustado de que los discursos de odio están ganando mucho más protagonismo en redes sociales y entre los jóvenes, alineándose con una extrema derecha que conecta con los más ricos, prometiendo estasis, y con los más pobres, prometiendo oportunidades... que nunca llegarán si no tienes el dinero para ello. Ya se está viendo en otros países en los que la extrema derecha ha entrado, que se están negando derechos y progresos que parecían asentados en la población. ¿Es esto lo que tiene que pasar? La historia está llena de estos vaivenes. La historia está llena de gente con tanta ambición de hacerse con el poder. ¿Cuál es la tendencia natural: la equidad o el poder?

    Lo que me asusta de todo esto es que... no sé en qué tengo que educar. No puedo prometer una vida mejor, llena de libertad y de derechos, si el miedo a una tercera guerra mundial está tan presente. Si cada vez más parece que cuentan menos nuestras decisiones. Si el odio está invadiendo todos los rincones, inundando las redes sociales, y en especial calando en los jóvenes. Si son los propios jóvenes los que se rechazan unos a otros y reproducen discursos de odio y de conservación sin entender qué significan porque no vivieron esa época conservadora; o de progresismo sin saber hacia qué quieren progresar, promoviendo modelos políticos y económicos sin conocer cómo funcionan una vez realmente aplicados. Si trabajar con las personas desfavorecidas no provoca que las personas poderosas cedan su espacio privilegiado, y trabajar con las personas poderosas es... banal, pues harán con su poder lo que quieran, y los valores se contagian más a través de la familia.


    Tengo que ser sincero conmigo mismo. Mi ser, dividido en mi cuerpo y mi psique, no está preparado para ostentar el poder que conllevaría tener un puesto de, por ejemplo, decano de una facultad. Tengo... demasiados vicios, poca capacidad de control, y poca tolerancia al estrés, a la frustración y al fracaso como para poder tomar decisiones de ese calibre sin miedo. No soy capaz, por primera vez lo digo claramente. No me siento capaz, aunque todo el mundo me ve capaz. Lo que la gente ve es mi mejor versión, pero no llegan a ver las raíces de exigencia y de inseguridad. Ese tipo de valores se deberían enseñar en la escuela cuando no se enseñan en la familia. Pero, si en los barrios más pobres hay profesorado de mierda, mal formado, mal preparado, y con valores que no se alinean con el respeto y la superación, y solo saben enseñar contenidos como si eso fuese a proporcionar algún valor... Estos alumnos dependen de la familia. Y la familia a menudo enfrenta numerosas dificultades, principalmente de conciliación, trabajando en grandes empresas, por eso el alumnado parte sin ellos, y no conocen el valor de la educación. El profesorado, con los recursos que tiene, hace lo que puede... ¿Qué capacidad de poder y de decisión tienen? ¿Qué forma de ocio cuando tantas cosas están al servicio del dinero? Formas baratas, llenas de vicios... Ese poder sí se infunde a las personas privilegiadas: sus familias les pueden prestar atención, sus opciones de ocio son mucho más variadas y probablemente con menos vicios, sus recursos para suplir sus carencias, y, probablemente, tengan más tiempo libre. Si únicamente tienen la suerte de que su profesorado también les transmite ese poder; algo que pueden asegurar en las escuelas privadas, donde existe la tendencia de que el cliente siempre tiene la razón, pues no deja de ser un negocio...

    Yo no estoy diciendo que todas las familias pobres estén perdidas y no tengan posibilidades; tampoco estoy diciendo que todo en las familias privilegiadas es seguro que vaya a ser perfecto. Ojalá y poder intervenir en los casos de abandono emocional que sufren los niños de familias de negocios, o los que tienen que aparentar ser perfectos o no tener dificultades; o los que se ponen en contacto con el mundo y no adquieren esos valores conservadores. Hay muchas realidades posibles. Yo no rechazo a nadie siempre que no sea yo rechazado. Simplemente, quiero señalar que si el punto de partida entre un niño rico y un niño pobre es diferente, y las condiciones durante el recorrido también son diferentes... ¿Cómo no se perpetúa el poder de las familias? Todo se debería igualar en la universidad, pero... No si se destruyen las públicas. En fin, ya dejo de sermonear con mis temores...

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