martes, 30 de septiembre de 2025

CAPÍTULO 1: HOLA MUNDO. ESTOY AQUÍ DE NUEVO.

    Hacía tiempo que no se sabía nada del Caballero de la Coletilla, y es que había perdido su rumbo. Estaba en el Templo llamado Universidad Complutense, en el monasterio de formadores, también llamado Facultad de Educación. Pero, ¿qué estaba haciendo allí? Sabía que estaba estudiando la Formación de Formadores llamada Pedagogía, aprendiendo a educar, pero... ¿para qué? Le gustaban tantas opciones y a la vez ninguna terminaba de satisfacerle...

    Durante su estancia allí, el Caballero había hecho tres publicaciones. El primer tomo era una enciclopedia no muy extensa ni técnica donde se recogía el avance del Poder de la Mente y del Poder de Leer Mentes, junto con algunos grandes mentalistas. El segundo tomo era un diario manuscrito en el que expresaba sus aprendizajes y divagaciones sobre la Historia de la Educación. Su última publicación, un cuaderno artístico en el que indagó sobre qué le había provocado esa personalidad tan susceptible, estaba en manos de una de esas terapeutas que se dedicaban a leer mentes y a arreglar mentes rotas o deterioradas en un reino cada vez más acelerado. Desde entonces, tras esta publicación, no había vuelto a dedicarse tiempo para sí. Mucho menos, para escribir. Desde su último reporte, había sufrido tantas perturbaciones que le habían quitado la ilusión y le habían dificultado las ganas de continuar su aventura. Pero también se había embarcado en una nueva aventura conjunta que le había devuelto toda la ilusión que había perdido. Ahora, había encontrado un nuevo espacio para contar su historia, la historia que no había podido contar en estos últimos dos años. Un cuaderno ilimitado hecho con esa magia que permitía conectar a todo el mundo. Un cuarto tomo. La propuesta había sido de uno de esos eruditos, Sergio el Capitán Entusiasta, que conocía la Tierra Picante de la que venía la Dama de Bronce, Yara, a la que tenía tanto aprecio y para quien había hecho el primer tomo. La idea era indagar en el arte de la Capitanía, llamada Dirección, y en los aspectos de diversas otras disciplinas que afectasen a la Educación. Nuestro Caballero no sabía sobre lo que quería investigar, puesto que ¿qué intereses podría tener y cultivar, si aún estaba librando una batalla y sanando sus heridas para poder continuar? No podía parar, no podía detenerse. Por lo que tal vez debía escribir sobre eso... Sobre su batalla.

    Durante el anterior año, numerosas decepciones se sucedieron de personas muy importantes para nuestro Caballero tras esta última publicación. La Mariposa Capitana voló sin dejar rastro de escamas. La Emo Tierna incluyó entre sus problemas al caballero, lo que les distanció de forma muy violenta. La Ingenua Picantona le pidió más atención sin respetar la atención que uno debe prestarse a sí mismo. El Semidiós Polifacético, el discípulo al que habría criado desde pequeño, sería la pérdida más dolorosa y por la que un año después había decidido asistir a una terapeuta, pues todo lo sucedido con él había sido muy confuso, con muchas mentiras y miedos. La Chihuahua Cobarde, que siempre mordía antes de correr el riesgo de ser atacada, había sido la última de esas pérdidas, y fue para no seguir envenenándose con cada bocado a pesar de querer cuidarla. No podía permitir que esos miedos, y los nuevos surgidos a partir de esta pérdida le impidieran relacionarse con otras personas ni hundir su autoconcepto. Aún le acompañaban el Panda Lento, el Matemático Ausente, y el Enano Espírico. También la Nacionalista del Desierto, a pesar del distanciamiento por un viaje muy turbulento. Pero había dejado de valorarles, pues el Caballero sentía que de nuevo estaba librando una batalla en la que nadie podía asistirle. El fantasma de la exigencia estaba ofreciendo una batalla muy dura, y necesitaba no distraerse de su batalla con otros mensajes de socorro. Queriendo quedarse solo, un nuevo fantasma, aún sin forma, le había llevado por caminos extraños, y nuestro caballero, tratando de vencerlo, lo persiguió y acabó en un lugar muy perdido, y prácticamente olvidando quién era. Llevaba tiempo tratando de encontrar el camino de vuelta y de encontrarse a sí mismo, y empezó a seguir los caminos del mérito para satisfacer su valía y con ello tratar de recuperar su identidad, sus recuerdos, y su rumbo. Empezó a participar en todo lo que podía para llenar su tiempo y su necesidad de ser... alguien, alguien importante. De hacer cosas importantes. De hacer cambios. Quiso llenar el vacío que le habían dejado otras personas en su valía, haciéndose valer en otros contextos. Le abandonaron, y ahora quería atención. Y lo consiguió. Casi.

    De repente, todos sus contextos en los que creía haber encontrado ese placer, comenzaron a dejar de ser placenteros y se convirtieron en una carga. Muchas cargas, que le impedían conectar consigo mismo y vivir todo el tiempo pendiente de todas esas cargas. Cargas en las que, además, se sentía que tenía poco que aportar. Cuanto más luchaba contra este otro fantasma, más poderoso se volvía el fantasma de la exigencia. Perdió toda esperanza por disfrutar de la experiencia universitaria. Dejó de querer mejorar el monasterio en el que estudiaba. Perdió también las ganas de trabajar en éste una vez comprendió los pactos turbios que a veces realizaban quienes tenían el poder en el monasterio y el templo, y que la falta de oro y el no aplicar el ideal de Educación en la propia educación en el monasterio serían los dos lemas que evitarían casi cualquier acción. Estaba bastante decepcionado con ello, comenzó a entender que sus estudios no le satisfacían, que lo que contaban se distanciaban de la realidad. Poco a poco se iba sintiendo menos, en vez de más. Dejó de sentirse valioso. Dejó de querer ser valioso. Dejó de querer ser. Entonces lo vio. Ese fantasma que le había hecho perderse trataba de succionarlo. Todo había sido una treta del fantasma de la exigencia, pues ambos estaban colaborando.

    Sumido en esa vorágine de responsabilidades que le estaba absorbiendo cada vez más profundo, el descanso de invierno para celebrar cierta festividad popular en la que se celebra un nacimiento, durante la cual no tenía que asistir al templo, fue tiempo suficiente para desconectar de todas esas responsabilidades y conectar consigo mismo, al calor de su familia. Eso le permitió darse cuenta de que, para resistirse al fantasma, tenía que parar en vez de seguir luchando. Como en unas arenas movedizas. Tenía que ceder, tenía que delegar, tenía que desprenderse. Tenía que descansar, reconectar consigo mismo, encontrar la fuerza en sus músculos para nadar fuera de ese pensamiento en espiral. Recuperar sus virtudes, sus aficiones, y dejar de vivir en las ensoñaciones. Su objetivo principal sería aprobar sus estudios actuales, la Formación de Formadores, para poder avanzar y tener nuevas oportunidades. Descartó toda posibilidad de ser juglar y animar a la gente con sus actuaciones. También, de conseguir crear una de esas historias virtuales en las que se adquiere otra identidad, al menos por el momento. Transformó sus esperanzas por mejorar toda la universidad, en cambios mucho más pequeños, en conseguir que haya más gente que quiera disfrutar del ocio y de otras personas dentro de la facultad. Tal vez sus estudios no le llenaban, pero sí le eran muy útiles e interesantes porque en todas las relaciones humanas hay aprendizaje. Por lo que, se comprometió a acabarlos y a explorar otras ramificaciones. En la Educación estaba su vocación, aunque no supiese exactamente aún de qué forma. Quería tener capacidad de decisión, por ello se planteó ser director de una Academia; pero también quería intervenir de forma directa con aquellos jóvenes a quienes no se les concedía el privilegio de formarse para ser guerreros. Ambas cosas a la vez era complicado, pero tal vez encontraría una forma de conseguir algo parecido.

    Aprovechó el frío del invierno para recluirse en su casa y luchar contra su tendencia a desconcentrarse. El Caballero superó con complicaciones las pruebas más difíciles de su carrera. Se esforzó mucho más de lo habitual para obtener la mejor puntuación en el trabajo grupal y para superar la prueba de Conocimiento e Investigación de la Erudita Anticuada que dos de cada tres personas suspendían. No suspendió ninguna a pesar del bajo ánimo y del poco tiempo dedicado. Esto le cargó de optimismo. Se sentía preparado para afrontar el año y medio que le quedaba de Pedagogía.

    Contaba con la ayuda de sí mismo, de su terapeuta, y de las alianzas que ya le acompañaban y que había encontrado en el camino; entre ellas se destacaba el Estratega de Tablero, quien ya le había asistido en algunas heridas, y el Despeinado de Perfil Rapaz, un erudito al que conoció a través de la Dama de Bronce y que se ofreció a ser su mentor, y siempre le hablaba con mucha filosofía. Estaba preparado para abrirse de nuevo al mundo, a saludarlo, a dejarse querer o a dejarse dañar por éste. A... volver a sentir. Tenía que vencer a ese fantasma, pero primero tendría que identificarlo.

    Y entonces... apareció él. El Guerrero con Piel de Oso. Su compañero de batalla durante el año actual.

Deprisa y cuesta arriba

Avanza...

Corre...

Avanza, corre...

Llega lejos...

Avanza...

Tú puedes...

Llega lejos, avanza...

Corre, llega lejos, tú puedes...

Avanza...

Tú puedes...

¡Deprisa!


- Ya me tiembla el ojo del estrés 

y no llevo en la carrera ni un mes.

Tengo más ojeras, ojos que no ven.

Corazón que no siente, no sé qué puedo hacer.

- Si no alcanzo a ser quien yo quiero ser.

Aunque quién quiero ser, a quién quiero vencer.

Si no me conozco sin mi superpoder,

aquella forma que me proyecté.


- Quisiera estar en todo, qué pena, soy humano.

Cuál es mi límite, no está en mi mano.

No me dejo tiempo para darme un descanso

y haga lo que haga, no dejo de sentirme un vago.

- ...estoy agotado.

Disculpad que no avance, estoy bloqueado.

Y si no encuentro mi sitio, estoy atrapado

en mi mundo virtual, estoy desconectado


- de la vida. Todo el tiempo en mi lugar seguro,

jugando a videojuegos, no corro riesgo alguno.

En mi imaginación puedo ser el rey del mundo

Pero en la realidad no puedo con mis asuntos.

- Cada día de mi calendario lo saturo.

En mi poco tiempo no me cabe el mundo.

No me queda ningún hueco para un susto.

Espérate vida, ya llegará tu turno.


- Voy cuesta arriba y sin frenos.

Necesito parar, pero no puedo hacerlo.

Si la caída es más dura cuanto más asciendo.

Adónde me lleva mi puto intelecto.

Le tengo mucho miedo al suelo

por eso mi destino es el cielo.

Dime con qué alas alzo el vuelo

si al éxito también le tengo miedo.


Vas tarde...

Qué tienes...

Qué tienes, no vales...

Vas tarde...

Vas tarde, eres incapaz...

Qué tienes...

No vales...

Eres incapaz...

Eres incapaz, no vales...

Vas tarde, vas tarde...

¡Deprisa!


- Ya me duele el cuello del cansancio.

...en realidad llevo así dos años.

Condiciones duras en este trabajo,

pero no soy capaz de dejarlo.

- Necesito dinero y no sé cómo ganarlo,

y no me atrevo a nada nuevo por horarios.

Cuatro de la mañana, aquí sigo expresando.

Mi vida ahora mismo se define en caos (KOs).


- Qué ha pasado aquí, ha habido una explosión.

Cuántos muertos hay, solo uno, la ilusión.

Todo está patas arriba, la culpa (a) de-presión.

Quisiera poner orden, pero cuál es mi bastión.

- No sé con qué defenderme, estrategia de evasión.

Da igual cuánto tiempo pase. No tengo concentración.

Dentro de mi cabeza seguiré siendo un semidiós,

pero la vida me está pisando el talón


-ario. No importa cuánto ahorre, estoy atónito.

No tengo pa' aliviar mi dolor crónico.

Haga lo que haga, seguiré siendo anónimo.

Hasta ahora me he salvado de ser alcohólico.

- Borracho de ocio, participando sin ton ni son.

Mientras no quiero escuchar mi llanto melancólico.

Tan solo quiero ordenar mi mundo paradójico.

Todo en lo que formo parte se vuelve tan caótico...


...y quizá la culpa es mía...


- Voy cuesta arriba y sin frenos.

Necesito parar, pero no puedo hacerlo.

Si la caída es más dura cuanto más asciendo.

Adónde me lleva mi puto intelecto.

- Le tengo mucho miedo al suelo

por eso mi destino es el cielo.

Dime con qué alas alzo el vuelo

si al éxito también le tengo miedo.


- Desde pequeño me enseñaron que debía llegar lejos,

pero nadie me enseñó cuándo estar satisfecho.

Mi ambición alimenta a mi ego.

Antes que a mí, a todos los míos protejo.

- Persigo la calma de un mundo perfecto.

Lo que intenta hundirme, con orgullo lo compenso.

Debo ser capaz de todo, de verdad lo intento.

Sálvame cuando me oigas gritar "¡No puedo!".


Sigue...

Sigue, tú puedes...

Con todo, sigue...

Tú puedes, con todo...

No lo dejes...

No lo dejes...

Sigue, no lo dejes...

Tú puedes, con todo...

¡Deprisa!


- Ya me tiembla el ojo del estrés.

Ya lo veo todo del revés...

Desahogo: Quisiera ser y no ser...

Quisiera... dejar de tener altas capacidades. Quisiera dejar de tener que contarlo como parte de mi identidad. Quisiera no tener que contarl...