viernes, 12 de diciembre de 2025

CAPÍTULO 3: EL ARTE DE CURAR A TRAVÉS DEL ARTE

     El Caballero estaba realizando una de esas pruebas durante su carrera: Formación Artística. La Musa de Pelo Cobrizo les pidió realizar un diario en el que experimentar con las técnicas artísticas que se hacían a lo largo del curso; oportunidad que el Caballero aprovechó para realizar su tercer tomo. Mientras trataba de conectar consigo mismo, se dio cuenta de que solo encontraba dolor, espinas, fragmentos. Una vivencia, la pérdida del Semidiós Polifacético, se había enquistado, y los pensamientos intrusivos volvieron. Quería estar solo. Era lo que merecía. En su cuaderno, mostró sus fragmentos, con infinidad de críticas, y trató de repararlos con oro. También plasmó en un tablero su infancia y adolescencia, llena de rechazo, hasta el momento de decidir estudiar Pedagogía. Le escribió una carta a una niña acosada desde el punto de vista del acosador. Solo así, en el momento de plasmar todo eso, se dio cuenta de cómo se sentía. Lo vio: un nuevo fantasma estaba envolviendo al Caballero, un fantasma de aspecto espinoso que le hacía creer que las personas que estaban a su lado acababan dañadas. Decidió no darle tregua y ponerse en contacto con una terapeuta de las que reparan mentes, una de esas mentalistas que sonríen y escuchan y aconsejan.

    Le llamaron rápido. Querían probar una nueva técnica a través del movimiento de los ojos, para desbloquear recuerdos que se enquistan como un trauma. Era... perfecto, ¿no? Pero, enseguida su terapeuta detectó que esto no consistía en un tronco que bloqueaba el río, sino en un árbol entero, con profundas raíces. Y que, posiblemente, habría más de un tronco. Por lo que descartó el experimento y lo aceptó como uno más de sus pacientes. El cuaderno artístico acabó en manos de la terapeuta, pues contaba muchas historias y encapsulaba sentimientos muy intensos y permanentes en la vida de nuestro Caballero. Durante todo un año, esa terapia tuvo idas y venidas. Su terapeuta no era de las que aconsejaban sin primero corregirte aquello que estabas pensando mal, lo que a menudo provocaba choques. Tuvo momentos en los que se sentía verdaderamente ineficaz, y momentos en los que revelaba una información totalmente relevante para entender. Pero, a menudo, la mentalista sólo quería explorar lo que nuestro Caballero llevaba trabajando durante años: la inestabilidad de sus vínculos familiares, las traiciones de sus vínculos elegidos, la soledad y el aislamiento a través de los videojuegos... Revivir todo eso, de hecho, estaba removiendo todo lo que ya estaba superado. Nuestro Caballero quedó en una situación muy inestable, y a punto de abandonar... todo. De abandonarse a sí mismo.

    Sin embargo, se mantuvo. Porque tenía esperanza de repararse, de reparar su mente. Quería encontrar la esperanza en algún sitio. Los mensajes que se decía a sí mismo, no podían ser reales. Porque, aún había gente que, de alguna forma, le apreciaba. Y, aún tenía oportunidad de encontrar más gente que le apreciaría. Debido a la inestabilidad de las heridas del Caballero, la mentalista le ofreció varios pasos a seguir si esas heridas dolían mucho.

    La terapia coincidió con el grupo de juglares, la primera etapa fue de apertura al mundo, y la segunda etapa fue de repliegue. Muchas de las reflexiones hechas en este grupo llegaban también a la mentalista. Las nuevas conexiones, los textos sobre los miedos y las emociones... y, efectivamente, aquel ataque del Fantasma de la Exigencia. El Caballero supo defenderse de sus garras gracias a las técnicas que le dio la terapeuta, una de ellas fue pedir asistencia siempre de quien pueda asistirle. En esa ocasión, fue el Estratega de Tablero. Esta vivencia fue un punto de inflexión en la terapia, pues, la mentalista encontró un auténtico riesgo de perder la batalla contra un hechizo tan poderoso. Tuvo que emplearse a fondo para eliminar los residuos que dejó ese fantasma. Acabando el curso, dejó una semilla de paz, que germinaría durante las vacaciones del Nacimiento. "Olvídate de todo lo que no seas tú, descansa, piensa en qué es lo que quieres y qué necesitas para estar bien. Y ya luego, asegúrate de cumplir los plazos con mucha más fuerza". No fue fácil, pues, le reclamaban su atención constantemente, y su trabajo en la cocina se había vuelto muy exigente en estas fechas. Pero el Caballero trató de cambiar su forma de pensar, y supo que, a partir de ahora, empezaría a soltar presiones. Admitió que tenía demasiadas responsabilidades, y trató de empezar a priorizarlas, sabiendo cuáles no dejaría bajo ningún concepto, y cuáles sí estaría dispuesto a dejar. Así, la terapia quedó en primer lugar, por delante incluso de la carrera, y el grupo de juglares quedó en último lugar.

    Todo comenzó a mejorar a partir de esas vacaciones, a partir de establecer una prioridad. Consiguió concentrarse y superó con éxito (aunque no sin resentimiento) todas las pruebas. Y, vuelta a la rutina, pero esta vez con más ganas. Especialmente, de esta nueva etapa en el grupo de juglares, en la que por fin se haría una obra de teatro. A pesar de que el grupo de juglares se volvía inestable, la unión entre sus miembros seguía existiendo. La Canaria Inquieta pidió participación para un proyecto de Sanación Artística. Parecía un nuevo hechizo de curación bastante raro... ¿Por qué no? Ays, lo volvió a hacer. Una nueva responsabilidad. En fin, ya que se comprometió, tendría que ir. Ya en la primera sesión se dio cuenta de que tal vez eso sería impactante. Pues, con una sola foto, una foto de su familia, tenía que contar qué significaban para él. Y, en un punto de inflexión en la terapia lleno de contradicciones y de sentimientos encontrados, no pudo describir a su familia como algo bueno o malo, sino, como algo de lo que debía liberarse. Eso era muy grave. Pero tan cierto... Sí, tal vez este nuevo compromiso estaría bien.

Llegaba tarde a todas las sesiones. Porque se dormía tarde y se intentaba despertar pronto, pero no lo suficiente. Salía tarde de casa, y encontraba los caminos llenos de caballos de hierro. Pero llegaba. Por su compromiso y su bienestar, seguro que llegaba. No sabía la hora, pero siempre llegaba. Se sentía cuidado entre las alas de la Canaria Inquieta y en compañía de la Mirada Bondadosa y de la Roquera Atractiva, y, sin casi conocerse, logró una fuerte conexión con el Llorón Jugón. Y hacían reflexiones muy potentes en cada sesión a través de interpretar su producto: cartas, máscaras, figuras... En una de las sesiones más simbólicas, llevaba toda la semana agotado. Y llegó a la mitad de sesión. La sesión consistía en formar una pieza con arcilla y colorearla, pero a él ya se la dieron moldeada en forma de jarra. Apenas pudo darle algunas pinceladas de color naranja. Luego, habría que romperla, lo que liberaba mucha tensión. Y después, en volver a reconstruir los pedazos, los cuales ahora tendrían una nueva forma. Esto pretendía ser una metáfora de cómo aquello que se rompe no tiene por qué quedar roto, sino que las personas pueden reconstruir las experiencias horribles que han vivido para aprender de ellas. Pero para el Caballero tuvo otro significado totalmente imprevisto. Una tarea que le vino impuesta, que no pudo romper, y que, cuando intentó reconstruirla de otra forma, se quedó muy reseca y los fragmentos no empastaban bien. Tuvo que desechar varios de ellos, los que ya no le aportaban nada, y trató de quedarse con aquellos que aún tenían color. Los que tenían color... Desechar todo aquello que ya no sirve... Lo que ya no... aporta nada. Era una señal, sin duda. Ver toda esa arcilla hecha añicos... Ver todo aquello a lo que le quería dar una nueva forma, hecho añicos... No. Así no. Con prisas, no podría reconstruirse. No podría intentando empastar todos esos pequeños añicos que ahora le conformaban. Necesitaba aprender a desprenderse de aquello que ya no le aportaba nada. Algo que podría resultar muy difícil al Caballero, pues, tendía a rememorar historias pasadas con personas que un día le acompañaron y todo acabó mal. Tenía acumulados muchos recuerdos en su habitación, trastos que en realidad no servían para nada. Y responsabilidades que sentía que dependían de él. Su compañera de proyecto, la Mirada Bondadosa, también del grupo de juglares, decidió llevarse todos aquellos fragmentos incoloros. En la siguiente sesión, se los devolvió guardados en un frasco, llenos de color. Representaba la importancia de delegar. Algo también puede ser muy bonito visto desde fuera, cuando otras personas lo hacen. Así que, supo lo que tenía que hacer. Ese frasco a partir de ahora sería su amuleto para cuando sintiese que las responsabilidades volvían a desbordarle. Quedaría unido a las bridas de su caballo de hierro, que usaba para desplazarse entre todas sus tareas y le recordaría que muchas de esas cargas pueden formar parte de ese frasco. Y tenía ese frasco agarrado en la mano llegado el momento de decir adiós al grupo de juglares.

     Haber superado con éxito las pruebas más arduas de su formación. Empezar a priorizar, a sentir sus tantas ocupaciones como espacios en los que disfrutar, y a soltar aquello que no le causara beneficio. La compañía en el viaje del Guerrero con Piel de Oso. La mayor intensidad de las sesiones de terapia con su mentalista. El proyecto de sanación artística. La orientación del Despeinado de Perfil Rapaz. La complicidad con el Estratega de Tablero. Poco a poco se iban alineando los acontecimientos para lograr nuevos hitos en el proceso de sanación. Y, los que no estaban alineados, empezaban a resultar más fáciles de ser identificados.

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