sábado, 29 de noviembre de 2025

REFLEXIONES DEL CABALLERO DE LA COLETILLA 1: Por qué me está costando tanto hacer este blog.

    ¿Saben qué tan contradictorio es querer hacer un blog acerca de la salud mental y que la salud mental te lo impida? ¿Qué tan irónico es querer reflexionar e invitar a reflexionar sobre cómo las expectativas afectan a todo aquello que haces y que quieres hacer con gusto, y acabas por desmotivarte porque no te está saliendo algo satisfactorio? ¿Qué tan irónico es machacarse con la idea de que no le estás dedicando suficiente esfuerzo a algo a lo que tú das completamente forma? Porque resulta complejo elaborar la idea tal como pretendes, porque resulta complejo componer esa idea... Requiere de mucho tiempo de reflexión, y de mucho tiempo de elaboración. Tiempo que, hasta ahora, estaba diciendo que no podía dedicarle porque tenía que trabajar, y eso interrumpía mi rutina, mi proceso, mi concentración.

    Y... parece tener un componente verídico. Después de no haber hecho nada durante todo el día, empiezo a escribir a las 00:12. Porque... ya estoy harto de regocijarme en mi dolor por no estar haciendo nada, y necesitar no hacer nada para poder hacer algo. Y querer hacer algo lo mejor posible, impecable, que cumpla con mis estándares de calidad; y darse cuenta de que requeriría mucho tiempo que no he dedicado a ser productivo. Y eso me lleva a estar mal por no estar haciendo nada. Y, vuelta al bucle. Porque mi cabeza funciona así, con bucles autodestructivos que se retroalimentan así, cerrándose de manera perfecta, para validarse a sí mismos y que mi forma de pensar sea correcta. Porque no puedo equivocarme; tampoco en esto. Soy un desastre. Eso es lo que pienso. Y eso es lo que voy a escribir hoy. Sin perfecciones. Sin planificación previa.


    Soy un desastre. Eso es lo que pienso. Desde pequeño. Eso es lo que llevo oyendo desde pequeño. Soy un desastre. Y tengo suficientes motivos para validarlo:

  • No puedo protegerme diciéndome que hoy no he hecho nada porque necesitaba dormir, o porque estaba triste por discutir con mi pareja. Y que llevo unas semanas con mi estado de ánimo fluctuante, tratando de preservar los ánimos en una carrera que ya no me motiva. Esos no son motivos válidos, porque las emociones solo interfieren en el rendimiento. Hoy no he sido funcional, llevo toda la semana sin ser tan funcional como podría. Estoy dando un mínimo de mi potencial, por lo que soy un fracaso.
  • No puedo protegerme diciéndome que toda la semana anterior he estado pensando en otros proyectos que se debían entregar, porque una persona verdaderamente útil es capaz de llevar y mantener todas sus responsabilidades atendidas y coordinadas. Me comparo con quienes sí son capaces de gestionar sus asuntos y de llevar sus tareas al día. Tampoco me rescata de mis pensamientos pensar que ahora una vez entregados estoy más descargado y tengo más tiempo libre para dedicarle, porque me hundo pensando en el tiempo que no he dedicado al blog o a otras tareas pendientes. Si tengo cuatro proyectos abiertos, no debo tener tiempo libre: debo dedicarle toda mi disponibilidad a los cuatro proyectos, planificar cuánto tiempo le tengo que dedicar a cada uno. Pero, no soy capaz de eso porque me canso. Pero no debería cansarme porque debería ser capaz de todo. Así que me creo que soy débil, y me aplasto y me rindo y no hago nada. Y eso me confirma que soy un caos.
  • No puedo protegerme, diciéndome que estoy progresando, de los pensamientos intrusivos que me hacen querer dejar a mi pareja porque las emociones de enfrentar las dificultades emocionales que estamos sufriendo me causan interferencias en mi rendimiento. Somos dos personas que necesitamos mucho cuidado y atención porque nuestra mente hace estragos en cómo percibimos la realidad; nos tiende trampas para permanecer quietos en la seguridad de no hacer nada. Y me duele no poder estar a su lado para avanzar juntos en esas barreras. Me siento estancado en mi vida porque no tengo ningún mérito y no me veo capaz de tenerlos. Y mi pareja me intenta proteger de ese dolor; pero no tengo tiempo suficiente para estar a su lado, y eso nos provoca más dolor, a mí por sentirme desprotegido, y a él por no poder cuidarme. Mi pareja también tiene sus propios bucles. Y trato de darle el cuidado y la ayuda que necesita para que no esté mal, para que supere sus dificultades; pero no tengo tiempo suficiente para estar a su lado, y eso nos provoca más dolor, a mí por no poder cuidarle, y a él por sentirse descuidado. Tenemos que aprender a continuar fuertes sin compañía, pero me siento culpable por no poder conseguirlo, y mi pareja me intenta proteger de ese dolor, y... A menudo, porque yo se lo pido; porque si no estoy bien, no puedo avanzar. Y así inicia el bucle de protegernos del daño que nos provoca que la otra persona sienta daño por no poder ayudarnos con el daño que sentimos por no poder ayudarnos con el daño que sentimos por... Así, en bucle. Destrozo todas las relaciones íntimas que tengo con estos bucles de culpa. Soy un insoportable...
  • No puedo protegerme diciéndome que poco a poco estoy avanzando en el proceso de desestancarme en la vida tratando de disfrutar del presente y de cada paso que doy, porque parece que tengo prisa en el proceso, porque el tiempo vuela y me quedo sin tiempo para poder dejar un legado válido y consistente. Porque, si tengo tanto talento, ya debería haber sido capaz de haberlo hecho. Pero la vida no me ha concedido esa oportunidad. Tal vez tengo que elaborarla. No quiero ponerme a hablar aquí de lo que opino de la sociedad, pero, siento miedo de la misma. Me afectan las injusticias a nivel mundial, y me supera no sentirme capaz de cambiarlas porque me siento sometido a la falta de poder. Y eso me hace ser un inconsistente...
  • No puedo protegerme diciéndome que necesito ayuda porque las personas deben poder solas. Las amistades son un lujo, y cada una tiene su propia vida como para cargar con la del resto. Es mi vida, y soy dueño de mi vida. Son mis decisiones las que me han llevado hasta aquí, y las que deben sacarme de aquí. Me siento débil. Me siento insuficiente. Me siento dependiente. Tal vez soy un débil.


    ¿Lo soy? ¿Soy todo eso? ¿Por pedir ayuda soy un débil? ¿Por reconocer que estoy bloqueado soy un inconsistente? ¿Por querer progresar en mi forma de vincular soy un insoportable? ¿Por intentar abarcar con tantos proyectos que resulta abrumador soy un caos? ¿Por hacer prevalecer mi bienestar a mis compromisos soy un fracaso? ¿Por todo ello soy un desastre? ¿O es que mi cabeza busca constantemente, en mi vida cotidiana, argumentos para validar esa verdad que se lleva creyendo desde que soy pequeño? Es lo que llevo escuchando toda la vida; mi familia me dice que soy un desastre constantemente: porque tengo el cuarto hecho un desastre, porque mi organización para los estudios es un desastre, porque mis amistades han acabado en desastre, tampoco sé cocinar, no sé cantar, no sé ser puntual, no sé cuidar una casa, no sé ayudar a mi hermana, no sé cuidar de mis vínculos, no hago deporte, no tengo hábito de leer, no sé hacer otra cosa que no sea jugar videojuegos y perder el tiempo con ello...

    Y sin embargo, soy capaz de todo. Eso también lo llevo escuchando desde pequeño. Que me voy a comer el mundo. Soy tan inteligente que soy capaz de todo. De lo que quiera, de lo que me proponga. Solo por mi inteligencia, debo ser capaz de todo. Debería, tal vez... pero no lo soy, no lo he sido y no lo seré. ¿Nadie está viendo que los dieces no significan nada; que tengo serias dificultades para concentrarme, para organizarme, para socializar, para quererme, para disfrutar; que siempre las he tenido? Que no soy capaz de soltar las pantallas. Que mi cabeza funciona tan rápido que necesito hacer dos cosas a la vez para mantenerme concentrado. Que necesito parar de hacer algo para hacer otra cosa, porque me aburro enseguida de algo que no sea cambiante (y, efectivamente, ya me estoy aburriendo de este texto). Que no consigo hacer calendarios porque intento encajar hasta el último minuto. Que me cuesta mantener conversaciones porque busco la profundidad de todo. Que me cuesta vivir el presente porque estoy pensando en todo lo que podría pasar para que algo salga mal. Que cumplo mis planes como si fuesen tareas pendientes. Nadie ve las dificultades, solo ven que soy capaz de todo. O que debería serlo. Al fin y al cabo, soy un desastre.


    Solo soy capaz de hacer bien lo de mirar pantallas, otra cosa que también llevo haciendo desde pequeño, y que probablemente sea la causa por la que soy tan solitario e inatento. No necesitaba a nadie más que mi consola, ojalá poder meterme dentro. Y a día de hoy, eso es lo que sigo haciendo. Lo mismo: refugiarme de este esperpento llamado sociedad. Que quiero huir de la vida y por eso la quemo, que el fantasma que me persigue es tan grande que siempre escucho sus ecos. Que doy gracias a que mi tiempo lo he dedicado a los videojuegos, porque si llego a entregarme a otros vicios, probablemente estaría más lejos. Inalcanzable. Al menos quemando mi tiempo me mantengo atado en corto, no sigo pensando en el suicidio como una opción, ni pongo mi salud en riesgo.

    Todo porque no soy nadie, quiero ser alguien y no me veo capaz de ser alguien. Me da miedo la muerte. Me da miedo no dejar un legado. Suficiente me cuesta aceptar que tal vez nunca tendré hijos biológicos. Al menos mi nombre tiene que perdurar. No quiero aceptar que vivimos y, simplemente, nos desvanecemos. Soy capaz de todo, ¿no? ¿Por qué no iba a ser capaz de eso? Tal vez porque soy un desastre. Es... cíclico. Estoy cansado de sentirme un desastre, no quiero ser capaz de todo.


    Mis expectativas llegan a esos niveles... No es que esté bloqueado con el blog. Mi bloqueo es vital. Cualquier proyecto que me proponga para intentar dejar un legado, va a caer en las mismas trampas en las que no me siento capaz porque no veo forma de serlo.  Como la carrera: pretendo utilizar la educación para cambiar el mundo y las injusticias, para contribuir a mejorar la sociedad. Pretendo ser un profesor recordado, afamado y prestigioso, escritor de numerosas reflexiones que hagan cambiar la forma de educar. Pero estoy desmotivado. No me es suficiente. No puedo ser algo tan grande si no logro primero las metas pequeñas. Es algo que sé y que no aplico porque me agobio y me entra prisa por dejar un legado. Debo... romper... estas cadenas que me atan. Pero no sé cómo derrotar a las expectativas sin renunciar a dejar un legado. ¿Debo renunciar a dejar un legado?


    Quiero hacerlo a través de la educación, dejar mi legado a través del buen recuerdo que mis alumnos tengan de mí. Pero estoy tan desmotivado... Creo que porque la carrera de Pedagogía no se acerca lo más mínimo a lo que realmente es la educación. Creo que no me siento capaz de ser educador porque no tengo formación para ello. No porque yo no sea capaz, sino porque la carrera no es capaz de hacerme capaz. Quizá... aún no tengo que ser capaz. Quizá hasta que no empiece a trabajar no podré demostrar aquello de lo que soy capaz... y de lo que no. Y aprender a base de enfrentar a la realidad. Quizá al enfrentar experiencias educativas reales, pueda volver a sentirme motivado, al saber que he aprendido o aprenderé algo realmente útil. Al fin y al cabo, la educación es el primer eslabón para construir el mundo; ¿qué legado hay más bonito que contribuir a mejorar el mundo a través del primer contacto y el vehículo de las personas con el mundo exterior?

    Quizá... aún no tenga que haber sido capaz de dejar un legado. Quizá estoy en proceso. Quizá dejar un legado no es algo que tú decides. Quién sabe, ¿quizá este blog pueda ser el inicio de algo más grande? Nunca se sabe qué de todo lo que haces puede ser un legado, así que quizá en eso consiste vivir: en no pensar en todos los "quizá" y en los "y si", y sí en los "puedo" y en los "voy a". Definitivamente, puedo hacer muchas cosas. Bien o mal, puedo hacerlas. Y también puedo aprender. Puedo hacer este texto en tres horas (exactas, son las 3:12), por ejemplo. Quién sabe todo lo que puedo hacer. Aunque, por lo visto, puedo... vivir. Incluso siendo un supuesto desastre.

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