viernes, 9 de enero de 2026

CAPÍTULO 5: EL DESPEINADO DE PERFIL RAPAZ.

    A pesar de su sobrenombre y aspecto tan estrafalarios, el Despeinado de Perfil Rapaz era todo un referente para el Caballero de la Coletilla por su libertad a la hora de posicionarse y su sinceridad a la hora de opinar. No estaba colocado en ninguna posición de poder desde la que tener influencias; de hecho, parecía querer evitarlas. Era de los que opinaban que habría que cambiar muchas cosas para que la facultad funcionase como es debido; sin embargo no consideraba que la facultad y las personas que en esta toman las decisiones estuviesen preparadas para escuchar todos esos cambios necesarios.

    El Caballero llevaba tres años bajo las alas de este renombrado sabio. Se conocieron a través de la Dama de Bronce en una conferencia sobre mentes privilegiadas. Yara, la Dama, reconoció el talento en el Caballero desde que le conoció, y verle allí le hizo apostar por él y presentarle a su equipo de investigación, del que el Despeinado era el director. Con pocas conversaciones, este sabio detectó que el Caballero podría ser un diamante en bruto, que había que pulir considerablemente. Detectó su luz, oculta entre muchas sombras, y se esforzó por que esta luz brillase con fuerza a través de las mismas, y que nunca sucumbiese. Le había ofrecido numerosas oportunidades para participar en investigaciones y en misiones, en las que planificar la mejor estrategia. Le había invitado a compartir opiniones con otras personas de la universidad, de otras universidades e incluso de otros países. Y sobre todo, le había llevado la contraria en tantas ocasiones y con tantos argumentos, que el Caballero solo podía respetar su sabiduría y reconocer que... alguien así es precisamente lo que necesitaba. Alguien que le dijese que no valía para nada si no se esforzaba para ello; y que, al mismo tiempo, le ofreciese unas pautas y oportunidades para poder empezar a esforzarse.

    El Despeinado tenía a su disposición un equipo de personas con las que planificar y ejecutar las misiones de intervención. Sus ámbitos predilectos eran los calabozos y la drogodependencia, dos ámbitos muy duros en los que el Caballero no se imaginaba trabajando. Sin embargo, a pesar de su profesión, el Despeinado era pedagogo de formación... ¿Cómo había logrado entonces desenvolverse en esos entornos tan complicados? Contaba con un largo historial de intervenciones y publicaciones, de las que el Caballero comenzó a ser una parte minúscula. Al Despeinado le gustaba involucrar al Caballero en sus proyectos, y contar con su opinión para hacerle sentir válido y capaz. Le ofrecía tantas oportunidades... que comenzó a ser un poco abrumador.

    A su vez, el Caballero fue integrándose en el funcionamiento de la facultad, para poder ir ganando contextos, personas, oportunidades en las que ser visto y poder tomar decisiones. Poco a poco, se iba involucrando en más y más responsabilidades... que llegaron al punto de colapsar. Y es que apetecía aprovechar todas las ocasiones posibles para... ser alguien. Su esfuerzo era como un torrente desbordado de luz. Quería mejorar todos los contextos posibles. Quería cambiar la facultad. Quería tener poder y capacidad de decisión y de cambio. Quería ser alguien influyente. Pero, ¿por qué esa necesidad de ser alguien? ¿Alguien influyente en los demás? ¿Por qué la necesidad de cambiar la realidad? ¿Por qué la necesidad de dejar un legado que perdure después de la muerte? ¿Por qué ese ansia por lograr algo importante, y esa culpa por no haberlo hecho aún? ¿Por qué ese remordimiento insistente de no tener ningún mérito aún? ¿Por qué quería con tantas ganas ser...

-…reconocido? ¿Quién no quiere serlo?

    Desde que el Despeinado pronunció esas palabras, todo cambió. Es cierto... ¿Quién no quiere ser reconocido por el esfuerzo que está haciendo? ¿Por qué no era así? ¿Tal vez porque aún no había conseguido su misión? ¿Su... misión? ¿Es su misión lo que le estaba haciendo tanto daño? Conseguir la hazaña de mejorar la educación... De cambiar a las personas... De salvar el mundo... Era una misión preciosa, pero, ¿era una misión realista? ¿Cuál era entonces su objetivo? Pero, ¿quién le había encomendado semejante misión? Su misión... Tal vez ese era su fantasma. Un fantasma sin forma ni origen conocido, que se había enmascarado en forma de objetivo, de misión... ¿Cuál era el problema, cuál era la causa de ese problema? ¿Había siquiera algún problema? Sí, en realidad parecía haberlo, pero ¿había una única causa de ese problema? ¿Y había alguna causa al alcance de nuestro Caballero?

    Tal vez el fantasma no estuviese fuera. Decir que la vida es una mierda intenta justificarse a sí mismo, es un argumento circular y no es correcto porque la vida no es injusta, problemática o dañina para todas las personas. Tal vez el fantasma no está fuera sino dentro. Tal vez el fantasma no es la vida en sí misma o los problemas de la humanidad... sino el cómo afrontarlos. Afrontarlos como una misión que se debe resolver... Que se puede resolver por aquellos que han sido bendecidos. Bendecido con una mente privilegiada... ¿Qué era esto? ¿Remordimiento? ¿Culpa? ¿Estaba engañando a alguien... o a sí mismo? ¿Y si no se consideraba así? ¿Y si estaba harto de considerarse el bendecido? ¿Por qué no se sentía siquiera merecedor de estar en una carrera? ¿Por qué nunca había publicado las novelas y las poesías que escribió? ¿Y si todo el esfuerzo quedase eclipsado... por el supuesto talento, por esa mente privilegiada, que tenía el Caballero? ¿Había sido reconocido alguna vez por sus méritos? Siempre se hizo alusión a sus facilidades... ¿Pero qué hay de sus dificultades? ¿Cuándo se ha aplaudido su esfuerzo? Poco a poco, la madeja comenzó a desenroscarse. Le aterraba ser sometido al juicio y veredicto de otras personas, porque, lo que estaba bien hecho, sería atribuido a su talento, y lo que estaba mal hecho... era inconcebible. No podía fallar con tanto talento, porque eso significaba estar desperdiciándose. No podía permitirse ser mediocre. Por ello era mejor seguir siendo perfecto en la mente en vez de someterse a ser imperfecto en la realidad. Así había sido esa parálisis hasta ahora... pero ya era hora de vencer esa barrera.

    La relación con el Despeinado fue estrechándose. Establecieron una relación en la que él formaba parte de una red de seguridad que le protegía de sus fantasmas. Pronto, dejó de orientarle solo en el ámbito de lo académico, ya que con semejante parálisis era contraproducente ofrecer posibilidades de lucirse. Sus conversaciones pronto empezaron a tratar de comprender el origen de esa necesidad de reconocimiento, más que en pretender lograrlo. A continuación se abordaron los posibles itinerarios en el futuro, una conversación recurrente debido a que el Caballero se sentía capaz de todo y de nada al mismo tiempo, se sentía desorientado. Quería ser PSC, quería ser profesor de universidad, quería ser maestro de Primaria, quería trabajar en un hogar de acogida, o en un centro de menores, quería... un espacio en el que dar oportunidades a aquellos que no las tienen. La idea de la universidad era tentadora, pero incómoda. Ambos habían detectado que en la facultad se generaban muchas influencias de poder y tratos de favor, por lo que se volvía importante ser visto y adoptar los argumentos de otras personas, algo que remaba en contra de la ideología del Caballero a pesar de su necesidad. En alguna ocasión trataron de entender juntos cómo funcionan el poder y las influencias, colocando en posiciones muy cómodas a personas que tal vez por sus méritos o por su moralidad no lo merecen. Ninguno de los dos era partidario de utilizar las influencias para ganar privilegios. Había que saber dónde incidir. Cuál es el contexto en el que realmente te sientes cómodo interviniendo.

    Entonces, lo entendió. No solo las hadas eran capaces de manipular la luz, sino también los sabios, y probablemente otros seres. El Despeinado se había convertido en su capitán, como en su momento lo fue la Mariposa Capitana. Y él le estaba enseñando una estrategia para controlar esa luz que había germinado, que no brotaba de sus alas sino de su interior, de sus ganas de volar. Así, poco a poco, el torrente de capacidad desbordada que tenía el Caballero se fue concentrando en un tenue pero consistente haz de luz. No consistía en pretender iluminar todos los lugares por los que pasar, sino en dirigir tu luz hacia una dirección, como un foco. Así es más sencillo sembrar luces en las personas y entornos que se desea, pues la luz incide con más precisión. Era difícil mantener ese haz de luz concentrado, pues, había tantos problemas que poder abordar... Pero entonces recordó que, él no era la única luz en el mundo. Había direcciones a las que él no podría apuntar, pero otras personas luminosas lo harían. Dejó de sentirse responsable de tener que sostener el mundo entero. Puede que hayan casos como el del Guerrero con Piel de Oso que pasen desapercibidos por la intrincada complejidad del caso, pero, esas personas desamparadas siempre acaban encontrando alguna luz que ilumine sus tinieblas, siempre que así ellos lo deseen y preserven su propia luz; así se encontraron mutuamente. También empezó a entender cómo funcionaba esa luz... Cómo había personas que brillaban por luz propia, y personas que utilizaban las luces del entorno para brillar. Cómo había personas a las que les agradaban las tinieblas, o que aún no habían encontrado su propia luz. Cómo había personas con esa misma necesidad de brillar por todas partes. Cómo la influencia sobre otras personas provocaba ilusiones ópticas con esa luz, y cómo el poder era una manera de controlar esa luz, junto con la decisión y la concentración.

    Poco a poco, el Caballero de la Coletilla fue aprendiendo a canalizar esa luz, y el Despeinado de Perfil Rapaz fue acostumbrándose a las dificultades encontradas para ello. Era un hada, iluso, ilusionado, aprendiendo a canalizar la luz como un sabio. Y la muestra de ello sería el Trabajo de Fin de Grado, en el que elegir un tema, un único tema muy específico, sobre el que hacer una reflexión y propuesta. Qué difícil. Y qué curioso que la dificultad radique en acortar, y no en ampliar. Podría hablar de numerosos temas como la participación en la universidad, el fiasco de los colegios bilingües, la mala aplicación del control de las normas APA... Pero quería comenzar una investigación rigurosa sobre los riesgos del uso de las pantallas en la infancia. Lo difícil era concretar si en este trabajo quería hablar de los riesgos neurológicos, sociológicos o psicológicos. Acabaría investigando sobre los tres, para integrar a las familias sobre cómo integrar de forma sana los videojuegos. Enseguida el Despeinado ofreció la posibilidad de ser quien guíe ese TFG, ya que conocía sus intereses, sus necesidades, sus ritmos, sus dificultades... Solo tendría que mover hilos transparentes. Al Caballero le resultó muy reconfortante esa idea. Sabía que la mano dura del Despeinado sería muy útil para poder cumplir los plazos, pues era uno de sus puntos débiles. Y así el sabio consiguió disponer todo para serlo. El Caballero también tenía la oportunidad de demostrar aquello de lo que era capaz en un espacio real, una Ciudad de Niños. Quería hablarles sin tabúes de la realidad. Y el Despeinado se encargaría de aconsejarle. Así que les esperaba juntos la conclusión de su aventura. Les esperaba... un trayecto muy emocionante juntos.

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